Reflexiones ambientales Urbanas:
número 38: Aedes aegypti, el dengue, los mensajes desacertados y las falsas alarmas
Aedes aegypti volvió a ingresar a la argentina a mediados de la década de los ´80 y en menos de una
década ya se encontraba en la mayoría de los barrios del oeste y sur de Buenos Aires. En el verano de
1997 se produjo un pequeño brote en Orán, Salta. Al año siguiente, se inició otro brote mucho más
significativo. Ocurrió a lo largo de la ruta 34, con epicentro en Tartagal (Salta), desde Salvador Mazza
(Salta) hasta Tucumán. Fue tan importante que el Ministerio de Salud de la Nación emitió el primer
comunicado de prensa sobre dengue en la historia Argentina y en octubre de 1998 se lanzó el primer spot
televisivo con intenciones de transmitir las medidas de prevención. El texto fue supervisado por biólogos
de las universidades de Córdoba y Buenos Aires, estaba perfecto. Pero un diseñador gráfico, quizás con
buenas intenciones, modificó el inicio del spot donde puso cinco palabras “dengue” que se movían como
alas de un insecto. Luego de ello una enumeración de los síntomas de la enfermedad y las medidas más
adecuadas de prevención. Quienes salimos al campo para relevar el estado de situación en las viviendas
percibimos que la población estaba muy asustada: había interpretado que en ese entonces la palabra rara
(dengue) era un mosquito que podía matar con sus picaduras. Al año siguiente, como no había muerto
nadie, se pudo percibir una interpretación social de que se había tratado de una “falsa alarma generada
por la política del gobierno de ese entonces”, “el mosquito dengue no mata”. Incluso se nos dificultó lograr
explicar a los profesionales de la comunicación que había que separar los conceptos relacionados con el
mosquito de la enfermedad (el dengue no es un mosquito). Los problemas conceptuales continuaron
ocurrieron incluyendo a las máximas autoridades de salud de gobiernos siguientes. Continuó con una
epidemia más generalizada iniciada tardíamente en 2009, eran tiempos de sequía, con epicentros en
Charata (Chaco), la ciudad de Catamarca (rodeada por un desierto) y Buenos Aires en medio del humo
producido por la quema de pastizales (para esa época) en las islas del sur Entrerriano. Para ese entonces,
el efecto mediático de la epidemia ayudó a diferenciar al mosquito de la enfermedad. Pero todavía seguían
los falsos conceptos sobre los lugares de cría (charcos, zanjas, lagunas, etc.) y el falso concepto sobre las
fumigaciones como medidas preventivas. El tercer aviso, se dio a fines del 2015 con el inicio de una nueva
epidemia, cargada ahora en marzo del 2016 con un coctel de tres virus distintos. El mensaje es algo más
claro, ya se puede hablar de Aedes aegypti, aunque los medios de comunicación siguen confundiendo a la
sociedad con las fumigaciones. Entonces la población lo exige y los funcionarios pretenden calmar los
reclamos y conceden sus pedidos. Sin embargo deberían darse cuenta que frente un agravamiento de la
situación epidemiológica los mensajes confusos pueden jugar en contra de su imagen. El esfuerzo debería
apuntar a generar condiciones de hospitales seguros, escuelas seguras (con entornos libres de criaderos),
resolver los basurales a cielo abierto o cementerios de chatarra en proximidades de población. Sumado al
nerviosismo, se inventan audios con mensajes caóticos transmitidos por celulares donde mienten una
situación de desborde en un hospital, generan alarma extrema del que solo beneficia al comercio de
productos repelentes. Habrá que evaluar si el efecto de las falsas alarmas en realidad provocan efectos
inesperados que desvían la atención contra las verdaderas medidas de prevención: eliminar y evitar la
formación de criaderos en las viviendas de las manzanas de las zonas urbanas. ¿Tendremos que esperar
nuevas epidemias de mayor impacto para darnos cuenta que los de problemas ambientales que afectan a
nuestra salud solo se resuelven con un verdadero ordenamiento ambiental?
Nora Burroni y Nicolás Schweigmann: Grupo de Estudio de Mosquitos. EGE - IEGEBA, FCEyN-UBA CONICET
Elena Beatriz Oscherov: Vicepresidenta de la Asociación Parasitológica Argentina (Ex Profesora Titular de Biología de los Artrópodos y Biología de los Parásitos). FaCENA, UNNE Corrientes
Leonardo Horacio Walantus: Proyecto "Vigilancia Epidemiológica. Seguimiento de Criaderos de Mosquitos de Interés Sanitario” Centro de Investigaciones Entomológicas
Parque Tecnológico Misiones
Gustavo C. Rossi: Centro de Estudios de Parásitos y Vectores CCT La Plata-CONICET-UNLP
Edgardo R. Marcos:Veterinaria en Salud Pública. Facultad de Ciencias Veterinarias, .UBA
Raquel M. Gleiser . Ecología de Artrópodos. CREAN-IMBIV CONICET-UNC – Córdoba
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escuela. Mostrar todas las entradas
martes, 15 de marzo de 2016
Reflexiones ambientales Urbanas: número 38: Aedes aegypti, el dengue, los mensajes desacertados y las falsas alarmas
Etiquetas:
aedes aegyti,
Argentina 2016,
casa,
comunidad,
Dengue,
Educación,
enfermedad,
epidemia,
Escuela,
fácil,
mala información,
Mosquito,
noticia,
plantas repelentes,
virus
Reflexiones ambientales Urbanas: 37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Reflexiones ambientales Urbanas:
37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Una vez más la epidemia de dengue nos pone en alerta, nos sacude de nuestra calma en la que la salud no forma parte de nuestra agenda cotidiana. Y nos preguntamos quién tiene la responsabilidad, y quién debería hacerse cargo ante esta epidemia. En lo personal, creo que para respondernos esas preguntas debemos hacer un trabajo un poco más profundo. Toda crisis representa una oportunidad, dice la sabiduría oriental (que ya bien podríamos ir adoptando en occidente). En lo inmediato, qué mejor oportunidad que aprovechar la epidemia para indagar, analizar y reflexionar sobre nuestra relación con el ambiente. Considero que es una excelente oportunidad para que desde las escuelas, los hospitales, las universidades, los clubes, repensemos nuestro vínculo con el ambiente cercano y no tan cercano. Que nos veamos interpelados a analizar las consecuencias directas e indirectas del ambiente sobre nuestra salud. Por qué no aprovechar esta crisis, para empezar a reconocer que es nuestra relación con el ambiente la que nos propicia la salud, o bien la que nos enferma. Los nuevos escenarios epidemiológicos originados por las migraciones, la globalización económica, entre otros, desafían las prácticas tradicionales del modelo médico hegemónico y han dado lugar a enfoques alternativos que abordan las problemáticas de salud de manera integral. Como bióloga, egresada de una Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, me mantuve reacia a incorporar las dimensiones políticas y sociales a los procesos de transmisión de enfermedades. No obstante, con el tiempo empiezo a notar que no hay salud posible si no se contempla al humano en su complejidad (hábitos, costumbres, cosmovisión, etc.). En el caso del dengue, los abordajes integrales lograron controlar la transmisión de la enfermedad en áreas donde el virus circula de manera endémica. Este año, un estudio de México revela que la limpieza de las escuelas fue capaz de reducir la cantidad de nuevos casos de dengue, sugiriendo que los sitios con alta concentración de personas por un tiempo relativamente prolongado (como las escuelas) deberían ser uno de los principales sitios a mantener libres de mosquitos para controlar la propagación del virus. Por lo tanto, las evidencias sugieren que podemos volvernos protagonistas de la solución mediante nuestro compromiso como ciudadanos activos, lo que representa una solución sostenible a largo plazo. Invito a la tarea de abordar las problemáticas de salud desde un enfoque integral, en el que se contemplen los aspectos biológicos y médicos con la misma relevancia que los aspectos socioculturales y político-económicos, y donde los saberes académicos dialoguen con los tradicionales. Claro que es una tarea incómoda, que va en contra del modelo médico hegemónico vigente, y se contrapone con intereses económicos y políticos. No es una tarea sencilla porque el diálogo entre disciplinas y saberes nos lleva a reflexionar acerca de nuestras prácticas cotidianas, nos cuestiona, nos hace repensar las prácticas de investigación y las maneras de abordar una problemática, todas acciones que no son bien vistas en la sociedad de la modernidad y la inmediatez. Asimismo, convoco a observar cuál es el valor agregado de los enfoques integrales de la salud que fomentan la participación comunitaria respecto a las prácticas del modelo médico hegemónico. En lo personal, considero que uno de los principales valores de la participación comunitaria es desafiarnos como ciudadanos a tomar un rol activo en la construcción de nuestra salud y bienestar. La participación comunitaria nos posiciona en un lugar de responsabilidad respecto de nuestros actos y, principalmente, nos hace tomar conciencia de nuestra relación con el medio ambiente y cómo esta repercute sobre nuestra salud, la de nuestra familia, hasta sobre nuestros ingresos económicos y nuestra calidad de vida en general. Considero que, solo en la medida en que desarrollemos una plena conciencia acerca de la relación entre el ambiente y nuestra salud, vamos a poder construir una ciudadanía que entienda qué exigencias le caben al Estado, y qué responsabilidades nos caben a nosotros en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestras condiciones de vida. Apuesto a que solo tras muchas pruebas y errores, vamos a reconocernos como los hacedores de nuestro bienestar, de nuestra salud, y eso nos va a hacer conocedores de nuestros derechos y también nuestros deberes. Y seguramente, en el mediano y largo plazo, nos dará la posibilidad de ejercer una ciudadanía responsable en torno a la salud y al ambiente, los cuales están inevitablemente unidos (aunque por momentos la vida urbana y la modernidad nos lo hagan perder de vista), para poder empezar a decidir qué modelo de salud y de medicina queremos.
Paula Medone, Lic. Ecología, Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CONICET- UNLP)
37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Una vez más la epidemia de dengue nos pone en alerta, nos sacude de nuestra calma en la que la salud no forma parte de nuestra agenda cotidiana. Y nos preguntamos quién tiene la responsabilidad, y quién debería hacerse cargo ante esta epidemia. En lo personal, creo que para respondernos esas preguntas debemos hacer un trabajo un poco más profundo. Toda crisis representa una oportunidad, dice la sabiduría oriental (que ya bien podríamos ir adoptando en occidente). En lo inmediato, qué mejor oportunidad que aprovechar la epidemia para indagar, analizar y reflexionar sobre nuestra relación con el ambiente. Considero que es una excelente oportunidad para que desde las escuelas, los hospitales, las universidades, los clubes, repensemos nuestro vínculo con el ambiente cercano y no tan cercano. Que nos veamos interpelados a analizar las consecuencias directas e indirectas del ambiente sobre nuestra salud. Por qué no aprovechar esta crisis, para empezar a reconocer que es nuestra relación con el ambiente la que nos propicia la salud, o bien la que nos enferma. Los nuevos escenarios epidemiológicos originados por las migraciones, la globalización económica, entre otros, desafían las prácticas tradicionales del modelo médico hegemónico y han dado lugar a enfoques alternativos que abordan las problemáticas de salud de manera integral. Como bióloga, egresada de una Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, me mantuve reacia a incorporar las dimensiones políticas y sociales a los procesos de transmisión de enfermedades. No obstante, con el tiempo empiezo a notar que no hay salud posible si no se contempla al humano en su complejidad (hábitos, costumbres, cosmovisión, etc.). En el caso del dengue, los abordajes integrales lograron controlar la transmisión de la enfermedad en áreas donde el virus circula de manera endémica. Este año, un estudio de México revela que la limpieza de las escuelas fue capaz de reducir la cantidad de nuevos casos de dengue, sugiriendo que los sitios con alta concentración de personas por un tiempo relativamente prolongado (como las escuelas) deberían ser uno de los principales sitios a mantener libres de mosquitos para controlar la propagación del virus. Por lo tanto, las evidencias sugieren que podemos volvernos protagonistas de la solución mediante nuestro compromiso como ciudadanos activos, lo que representa una solución sostenible a largo plazo. Invito a la tarea de abordar las problemáticas de salud desde un enfoque integral, en el que se contemplen los aspectos biológicos y médicos con la misma relevancia que los aspectos socioculturales y político-económicos, y donde los saberes académicos dialoguen con los tradicionales. Claro que es una tarea incómoda, que va en contra del modelo médico hegemónico vigente, y se contrapone con intereses económicos y políticos. No es una tarea sencilla porque el diálogo entre disciplinas y saberes nos lleva a reflexionar acerca de nuestras prácticas cotidianas, nos cuestiona, nos hace repensar las prácticas de investigación y las maneras de abordar una problemática, todas acciones que no son bien vistas en la sociedad de la modernidad y la inmediatez. Asimismo, convoco a observar cuál es el valor agregado de los enfoques integrales de la salud que fomentan la participación comunitaria respecto a las prácticas del modelo médico hegemónico. En lo personal, considero que uno de los principales valores de la participación comunitaria es desafiarnos como ciudadanos a tomar un rol activo en la construcción de nuestra salud y bienestar. La participación comunitaria nos posiciona en un lugar de responsabilidad respecto de nuestros actos y, principalmente, nos hace tomar conciencia de nuestra relación con el medio ambiente y cómo esta repercute sobre nuestra salud, la de nuestra familia, hasta sobre nuestros ingresos económicos y nuestra calidad de vida en general. Considero que, solo en la medida en que desarrollemos una plena conciencia acerca de la relación entre el ambiente y nuestra salud, vamos a poder construir una ciudadanía que entienda qué exigencias le caben al Estado, y qué responsabilidades nos caben a nosotros en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestras condiciones de vida. Apuesto a que solo tras muchas pruebas y errores, vamos a reconocernos como los hacedores de nuestro bienestar, de nuestra salud, y eso nos va a hacer conocedores de nuestros derechos y también nuestros deberes. Y seguramente, en el mediano y largo plazo, nos dará la posibilidad de ejercer una ciudadanía responsable en torno a la salud y al ambiente, los cuales están inevitablemente unidos (aunque por momentos la vida urbana y la modernidad nos lo hagan perder de vista), para poder empezar a decidir qué modelo de salud y de medicina queremos.
Paula Medone, Lic. Ecología, Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CONICET- UNLP)
Etiquetas:
aedes aegyti,
Aprendizaje,
Argentina 2016,
comunidad,
cultura,
Dengue,
Docente,
economía,
Educación,
Escuela,
familia,
Mosquito,
política,
Salud,
Salud Pública,
sociedad,
virus
Suscribirse a:
Entradas (Atom)