Reflexiones ambientales Urbanas:
número 40: La prevención no debe basarse en “que puedo poner”, sino en “que puedo hacer”.
La epidemia de dengue de 2016 en la Argentina es el resultado de un desorden ambiental que
favorece la proliferación del mosquito Aedes aegypti en el entorno urbano. La presencia de
recipientes que utilizamos para diversas cosas y basura capaz de acumular agua, genera
contaminación ya que se favorece la formación de criaderos en nuestras ciudades poniendo en
riesgo la salud de los habitantes. El diagnóstico de situación en ambientes públicos (ejemplificado
en las Reflexiones Ambientales Urbanas anteriores, 07 Aedes aegypti en el poder Judicial y 10
Aedes aegypti en las Cubiertas de Vehículos), o en privados (34 Del patio limpio a la Manzana
Saludable - Un Cambio necesario) es muy claro. Desde hace más de 20 años que la presencia del
mosquito implica un riesgo sobre la salud, sin embargo la falta de un conocimiento acabado sobre
el problema lleva a falsas soluciones preventivas (sapos, murciélagos, crotallarias, insecticidas,
etc.). En la carta de lectores del diario Tribuno http://www.eltribuno.info/carta-lectores/2016/03/11,
retransmitida como carta de lectores en la Nación el 23 marzo de 2016 se llama a usar
masivamente un insecticida ambientalmente peligroso y prohibido por la EPA (Agencia de
Protección Ambiental de EEUU) desde 1972. Pero este patrón de pensamiento también se
encuentra en funcionarios destacados en temas de Salud pero que no manejan los conceptos
actualizados y básicos de entomología y participación social: http://www.lanacion.com.ar/1879718-
la-prevencion-fundamental-ante-el-dengue Las larvitrampas han quedado en desuso por ser
peligrosas. Pueden convertirse muy fácilmente en criaderos de Aedes aegypti. Por otro lado,
durante el invierno las poblaciones de Aedes aegypti están representadas predominantemente
como huevos, por lo cual los larvicidas no sirven (no matan huevos). Fumigar como prevención
significa aplicar en forma regular y frecuente productos químicos que constituyen un contaminante
más para el ambiente. Estos productos emitidos al ambiente afectan también a los humanos, a las
mascotas y a la fauna de una ciudad, incluso especies beneficiosas como polinizadores o los
depredadoras naturales de mosquitos. La estrategia reproductiva de Aedes aegypti es generar
enormes excedentes de huevos y esa reserva suele activarse en ausencia de adultos (cuando se
fumiga), compensando la situación original. La fumigación preventiva no es sustentable, porque
mientras haya criaderos el problema va a continuar. Hoy se eliminan los adultos, en unos días
habrá nuevamente adultos producto de los criaderos existentes, se vuelve a fumigar y como los
criaderos siguen existiendo se generarán nuevos adultos. Entonces, los funcionarios encargados
de la prevención deben dar mensajes claros a la sociedad. La experiencia de la actual epidemia
debe servirnos para generar cambios profundos de ordenamiento ambiental en las zonas
urbanizadas. El estado como gobierno debe dar el ejemplo de orden y limpieza que impida la
formación de criaderos en los entornos de edificios públicos (hospitales, escuelas, etc.), chatarra
incautada, control sobre el comercio, etc. y la sociedad toda debe participar en un acompañamiento
que permita generar manzanas saludables.
Nicolás Schweigmann
Grupo de Estudio de Mosquitos
EGE - IEGEBA, FCEyN-UBA CONICET
Gustavo C. Rossi
Centro de Estudios de Parásitos y Vectores
CCT La Plata-CONICET-UNLP
Raquel M. Gleiser
Ecología de Artrópodos CREAN-IMBIV
CONICET-UNC – Córdoba
Nora Burroni
Grupo de Estudio de Mosquitos
EGE - IEGEBA, FCEyN-UBA CONICET
Hernán G Solari
Dinámica de sistemas complejos
Física-FCEN-UBA e IFIBA-CONICET
Corina Beron
Inst. de Inv. en Biodiversidad y Biotecnología.
INBIOTEC - CONICET - Mar del Plata
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miércoles, 23 de marzo de 2016
Reflexiones ambientales Urbanas: número 40: La prevención no debe basarse en “que puedo poner”, sino en “que puedo hacer”.
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martes, 15 de marzo de 2016
Reflexiones ambientales Urbanas: 37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Reflexiones ambientales Urbanas:
37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Una vez más la epidemia de dengue nos pone en alerta, nos sacude de nuestra calma en la que la salud no forma parte de nuestra agenda cotidiana. Y nos preguntamos quién tiene la responsabilidad, y quién debería hacerse cargo ante esta epidemia. En lo personal, creo que para respondernos esas preguntas debemos hacer un trabajo un poco más profundo. Toda crisis representa una oportunidad, dice la sabiduría oriental (que ya bien podríamos ir adoptando en occidente). En lo inmediato, qué mejor oportunidad que aprovechar la epidemia para indagar, analizar y reflexionar sobre nuestra relación con el ambiente. Considero que es una excelente oportunidad para que desde las escuelas, los hospitales, las universidades, los clubes, repensemos nuestro vínculo con el ambiente cercano y no tan cercano. Que nos veamos interpelados a analizar las consecuencias directas e indirectas del ambiente sobre nuestra salud. Por qué no aprovechar esta crisis, para empezar a reconocer que es nuestra relación con el ambiente la que nos propicia la salud, o bien la que nos enferma. Los nuevos escenarios epidemiológicos originados por las migraciones, la globalización económica, entre otros, desafían las prácticas tradicionales del modelo médico hegemónico y han dado lugar a enfoques alternativos que abordan las problemáticas de salud de manera integral. Como bióloga, egresada de una Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, me mantuve reacia a incorporar las dimensiones políticas y sociales a los procesos de transmisión de enfermedades. No obstante, con el tiempo empiezo a notar que no hay salud posible si no se contempla al humano en su complejidad (hábitos, costumbres, cosmovisión, etc.). En el caso del dengue, los abordajes integrales lograron controlar la transmisión de la enfermedad en áreas donde el virus circula de manera endémica. Este año, un estudio de México revela que la limpieza de las escuelas fue capaz de reducir la cantidad de nuevos casos de dengue, sugiriendo que los sitios con alta concentración de personas por un tiempo relativamente prolongado (como las escuelas) deberían ser uno de los principales sitios a mantener libres de mosquitos para controlar la propagación del virus. Por lo tanto, las evidencias sugieren que podemos volvernos protagonistas de la solución mediante nuestro compromiso como ciudadanos activos, lo que representa una solución sostenible a largo plazo. Invito a la tarea de abordar las problemáticas de salud desde un enfoque integral, en el que se contemplen los aspectos biológicos y médicos con la misma relevancia que los aspectos socioculturales y político-económicos, y donde los saberes académicos dialoguen con los tradicionales. Claro que es una tarea incómoda, que va en contra del modelo médico hegemónico vigente, y se contrapone con intereses económicos y políticos. No es una tarea sencilla porque el diálogo entre disciplinas y saberes nos lleva a reflexionar acerca de nuestras prácticas cotidianas, nos cuestiona, nos hace repensar las prácticas de investigación y las maneras de abordar una problemática, todas acciones que no son bien vistas en la sociedad de la modernidad y la inmediatez. Asimismo, convoco a observar cuál es el valor agregado de los enfoques integrales de la salud que fomentan la participación comunitaria respecto a las prácticas del modelo médico hegemónico. En lo personal, considero que uno de los principales valores de la participación comunitaria es desafiarnos como ciudadanos a tomar un rol activo en la construcción de nuestra salud y bienestar. La participación comunitaria nos posiciona en un lugar de responsabilidad respecto de nuestros actos y, principalmente, nos hace tomar conciencia de nuestra relación con el medio ambiente y cómo esta repercute sobre nuestra salud, la de nuestra familia, hasta sobre nuestros ingresos económicos y nuestra calidad de vida en general. Considero que, solo en la medida en que desarrollemos una plena conciencia acerca de la relación entre el ambiente y nuestra salud, vamos a poder construir una ciudadanía que entienda qué exigencias le caben al Estado, y qué responsabilidades nos caben a nosotros en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestras condiciones de vida. Apuesto a que solo tras muchas pruebas y errores, vamos a reconocernos como los hacedores de nuestro bienestar, de nuestra salud, y eso nos va a hacer conocedores de nuestros derechos y también nuestros deberes. Y seguramente, en el mediano y largo plazo, nos dará la posibilidad de ejercer una ciudadanía responsable en torno a la salud y al ambiente, los cuales están inevitablemente unidos (aunque por momentos la vida urbana y la modernidad nos lo hagan perder de vista), para poder empezar a decidir qué modelo de salud y de medicina queremos.
Paula Medone, Lic. Ecología, Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CONICET- UNLP)
37 Dengue: una oportunidad para pensar en la salud de manera integral
Una vez más la epidemia de dengue nos pone en alerta, nos sacude de nuestra calma en la que la salud no forma parte de nuestra agenda cotidiana. Y nos preguntamos quién tiene la responsabilidad, y quién debería hacerse cargo ante esta epidemia. En lo personal, creo que para respondernos esas preguntas debemos hacer un trabajo un poco más profundo. Toda crisis representa una oportunidad, dice la sabiduría oriental (que ya bien podríamos ir adoptando en occidente). En lo inmediato, qué mejor oportunidad que aprovechar la epidemia para indagar, analizar y reflexionar sobre nuestra relación con el ambiente. Considero que es una excelente oportunidad para que desde las escuelas, los hospitales, las universidades, los clubes, repensemos nuestro vínculo con el ambiente cercano y no tan cercano. Que nos veamos interpelados a analizar las consecuencias directas e indirectas del ambiente sobre nuestra salud. Por qué no aprovechar esta crisis, para empezar a reconocer que es nuestra relación con el ambiente la que nos propicia la salud, o bien la que nos enferma. Los nuevos escenarios epidemiológicos originados por las migraciones, la globalización económica, entre otros, desafían las prácticas tradicionales del modelo médico hegemónico y han dado lugar a enfoques alternativos que abordan las problemáticas de salud de manera integral. Como bióloga, egresada de una Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, me mantuve reacia a incorporar las dimensiones políticas y sociales a los procesos de transmisión de enfermedades. No obstante, con el tiempo empiezo a notar que no hay salud posible si no se contempla al humano en su complejidad (hábitos, costumbres, cosmovisión, etc.). En el caso del dengue, los abordajes integrales lograron controlar la transmisión de la enfermedad en áreas donde el virus circula de manera endémica. Este año, un estudio de México revela que la limpieza de las escuelas fue capaz de reducir la cantidad de nuevos casos de dengue, sugiriendo que los sitios con alta concentración de personas por un tiempo relativamente prolongado (como las escuelas) deberían ser uno de los principales sitios a mantener libres de mosquitos para controlar la propagación del virus. Por lo tanto, las evidencias sugieren que podemos volvernos protagonistas de la solución mediante nuestro compromiso como ciudadanos activos, lo que representa una solución sostenible a largo plazo. Invito a la tarea de abordar las problemáticas de salud desde un enfoque integral, en el que se contemplen los aspectos biológicos y médicos con la misma relevancia que los aspectos socioculturales y político-económicos, y donde los saberes académicos dialoguen con los tradicionales. Claro que es una tarea incómoda, que va en contra del modelo médico hegemónico vigente, y se contrapone con intereses económicos y políticos. No es una tarea sencilla porque el diálogo entre disciplinas y saberes nos lleva a reflexionar acerca de nuestras prácticas cotidianas, nos cuestiona, nos hace repensar las prácticas de investigación y las maneras de abordar una problemática, todas acciones que no son bien vistas en la sociedad de la modernidad y la inmediatez. Asimismo, convoco a observar cuál es el valor agregado de los enfoques integrales de la salud que fomentan la participación comunitaria respecto a las prácticas del modelo médico hegemónico. En lo personal, considero que uno de los principales valores de la participación comunitaria es desafiarnos como ciudadanos a tomar un rol activo en la construcción de nuestra salud y bienestar. La participación comunitaria nos posiciona en un lugar de responsabilidad respecto de nuestros actos y, principalmente, nos hace tomar conciencia de nuestra relación con el medio ambiente y cómo esta repercute sobre nuestra salud, la de nuestra familia, hasta sobre nuestros ingresos económicos y nuestra calidad de vida en general. Considero que, solo en la medida en que desarrollemos una plena conciencia acerca de la relación entre el ambiente y nuestra salud, vamos a poder construir una ciudadanía que entienda qué exigencias le caben al Estado, y qué responsabilidades nos caben a nosotros en nuestra vida cotidiana para mejorar nuestras condiciones de vida. Apuesto a que solo tras muchas pruebas y errores, vamos a reconocernos como los hacedores de nuestro bienestar, de nuestra salud, y eso nos va a hacer conocedores de nuestros derechos y también nuestros deberes. Y seguramente, en el mediano y largo plazo, nos dará la posibilidad de ejercer una ciudadanía responsable en torno a la salud y al ambiente, los cuales están inevitablemente unidos (aunque por momentos la vida urbana y la modernidad nos lo hagan perder de vista), para poder empezar a decidir qué modelo de salud y de medicina queremos.
Paula Medone, Lic. Ecología, Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CONICET- UNLP)
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